El embarazo y el descanso

Así como lograr dormir bien durante los meses posteriores al nacimiento del bebé presenta una gran dificultad, es también difícil conciliar el sueño durante la etapa del propio embarazo.

Publicado 17 Ago, 2016

 

Durante los primeros meses de gestación el cuerpo de la madre funciona para proteger y cuidar el desarrollo del feto. La placenta, que alimenta al feto hasta el momento del nacimiento, ha empezado a formarse y el cuerpo está generando mayor cantidad de sangre, lo cual hace que el corazón lata más rápido de lo habitual. El cuerpo se sentirá cansado y surgirá la necesidad de dormir más.

Pero por lo general durante los últimos meses del embarazo la mayor parte de mujeres encuentra muy difícil sostener un sueño profundo y sin interrupciones.

¿A qué se debe esta dificultad al dormir?

El vientre irá aumentando su tamaño, lo cual volverá difícil encontrar una posición cómoda para dormir. Si una mujer tenía el hábito de dormir boca arriba o boca abajo, durante la gestación le será complicado acostumbrarse a hacerlo de costado (que es lo que un médico recomienda). Pero lo cierto es que esta posición ayudará a que el corazón trabaje mejor, evitando que el peso del vientre caiga sobre la vena CAVA INFERIOR, que es la que lleva la sangre de regreso desde los pies y las piernas. Para dormir de forma más cómoda es recomendable el uso de una almohada entre las piernas, debajo del abdomen o detrás de la zona lumbar.

También, la gestación genera que los riñones deban filtrar un mayor volumen de sangre. Este proceso aumenta la necesidad de orinar. A su vez, el aumento del tamaño del vientre ejerce mayor presión sobre la vejiga, lo cual se traduce en más idas al baño durante la noche.

El embarazo aumenta también el ritmo cardíaco (al fluir más sangre hacia el útero el corazón deberá bombear más para enviar suficiente sangre al resto del cuerpo). Esto genera una dificultad para dormir.

El crecimiento del útero empujará al diafragma (que es el músculo que ubicado debajo de los pulmones). Esto y el aumento de las hormonas generará que sea más difícil respirar, lo cual influirá en el poco descanso al dormir.

Durante el embarazo, el organismo produce una hormona llamada relaxina, que ayuda a preparar al cuerpo para el parto. Uno de los efectos de la relaxina es el aflojamiento de los ligamentos de todo el cuerpo. Esto traerá, como consecuencia, los calambres. Para esto es importante contar con un buen consumo de calcio en su dieta. A su vez, el peso adicional del vientre en crecimiento generará dolores de espalda.

El funcionamiento del aparato digestivo se vuelve más lento durante la gestación. La comida permanece más tiempo en el estómago y en los intestinos, lo que puede provocar acidez y constipación.

Es también el estrés un generador de la dificultad para dormir. Las preocupaciones, ansiedad y nervios juegan un papel agotador en una madre gestante (y también en el padre, vale indicar). Como consecuencia, a ambos les será menos fácil alcanzar el sueño profundo y placentero.

Te puede interesar: